Cuba Gusanos

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RESEÑA:
La dicotomía `gusano-compañero` no vino de Martí, sino de aquellos que sustituyeron la política por la guerra: los nazis.

DUANEL DÍAZ, Madrid

Hace algunos meses se denunciaba en un artículo publicado originalmente en el sitio digital Rebelión y reproducido en La Jiribilla, que una carta de rectificación enviada al El País no había sido acogida en las páginas de ese periódico español. Dicha misiva aseguraba que, contra lo afirmado por Jorge Edwards, la denominación de `gusano` no había sido inventada por Castro, sino por la CIA.
`La CIA escogió el término gusano como símbolo de la subversión. Imprimió miles de pequeños dibujos en forma de muñequitos (cómics) y los envió por correo hacia Cuba, al tiempo que la radio La Voz de Cuba Libre lo difundía. La CIA llamó gusanos a sus servidores en Cuba y los revolucionarios también comenzaron a decirles así. Esta información, decía la carta nunca publicada por El País, puede ser encontrada en el libro De la octavilla a la sicotecnología, investigación de Emiliano Lima y Mercedes Cardoso, publicada por Ediciones Verde Olivo, La Habana, Cuba, 2003. pp. 128-129`.
A quienes nos parece sospechoso que la denominación de gusano no sea de autoría castrista, un artículo publicado este 19 de enero en Juventud Rebelde (`El `gusano libre``) nos ahorra el trabajo de consultar el libro citado. Jorge Risquet Valdés Jiménez se refiere a un Memorando de William K. Harvey, oficial de operaciones de la CIA para Mangosta, dirigido al jefe de Operaciones de la agencia, fechado en Washington el 6 de agosto de 1962:
`En este documento la CIA estructura el lanzamiento mediante una campaña del `símbolo de la resistencia` contra el gobierno cubano con el nombre de `gusano libre`. En su fundamentación, el funcionario parte del conocido término `gusano`, empleado por los revolucionarios para designar a los lamebotas internos del enemigo. Debía parecer un fenómeno espontáneo de la contrarrevolución interna`.
Es decir, la campaña contrarrevolucionaria no creó lo de `gusano`, sino que lo adoptó de la jerga revolucionaria, de manera semejante a cómo los insurrectos cubanos se apropiaron del calificativo denigrante que le daban los españoles.
La falacia de Portuondo
Uno de los intelectuales orgánicos de la dictadura comunista, José Antonio Portuondo, quiso retrotraer, por cierto, hasta la patriótica contienda de los mambises el uso `revolucionario` de la palabra en cuestión. En su conocido ensayo El diversionismo ideológico en torno a José Martí, Portuondo escribió:
`Hay en su diario de campaña De cabo haitiano a Dos Ríos una anotación, quince días antes de su muerte, del 4 de mayo, extraordinariamente bella. Es un solo párrafo donde narra el fusilamiento de Masabó, un hombre valiente, miembro del Ejército Libertador, que había robado, había violado, que había infringido, en suma, el código militar y el viejo Máximo Gómez lo somete a Consejo de Guerra. El Consejo de Guerra lo condena a muerte y cuando se lee la sentencia, Martí escribe esta frase: `Este hombre no es compañero nuestro, es un vil gusano`. Es formidable descubrir cómo Gómez y Martí utilizan ya términos nuestros, de nuestros propios días, y los contraponen: el compañero y el gusano, las dos posiciones extremas, polares de nuestra Revolución que no admite otras. O se es un compañero o se es un gusano. Ya eso está en Martí, con la misma tajante forma antitética con que lo usamos hoy`. (Martí, escritor revolucionario, Editora Política, 1982 pp. 327-328).
Para ponderar el tamaño de la falacia de Portuondo, basta con recordar que a pesar de su radicalismo revolucionario, Martí llegó a reconocer como patriotas a ciertos autonomistas e incluso a anexionistas, pero sobre todo que a quien llama `gusano` no es a un antiindependentista, sino a un asesino y violador que, además, es juzgado en un consejo de guerra porque ha infringido el código militar.

La terminología del `gusano` y el `compañero` no venía de Martí, sino de aquellos que sustituyeron totalmente la política por la guerra, que es por naturaleza dicotómica: los nazis. Como ha recordado Hannah Arendt, en el Tercer Reich los judíos no fueron eliminados en calidad de enemigos políticos, sino de `alimañas`.
Asimismo, después de acabar con la sociedad civil y establecer un estado permanente de psicosis de guerra en que la dicotomía del revolucionario y el gusano (patriota-traidor, comunista-burgués) se identifica con la oposición entre la nación y el imperialismo, Castro ha denigrado a una disidencia a la que no deja de negarle la condición de oposición política: los `gusanos` son mezquinos, mercenarios, traidores, delincuentes.
La deliberada confusión de la contrarrevolución y la criminalidad común está, significativamente, en la base de uno de los subgéneros literarios promovidos por el régimen en los nefastos años setenta: la novela policial revolucionaria.
Anacronismos
Hoy resulta cada vez más evidente que han quedado definitivamente atrás los tiempos en que semejante discurso gozaba de cierto apoyo popular. Si recordamos la `mayoría silenciosa` que reeligió a Nixon a pesar de las ruidosas manifestaciones contra la guerra de Vietnam, ¿no podría hablarse, en nuestro caso, de una mayoría silenciosa que, a diferencia de aquella, tiene vedada toda manifestación pública, pero que se hace oír en lugares como las paradas de las guaguas, los taxis de 10 pesos, las colas??
Esa mayoría silenciosa lo es cada vez menos, ha ido ganando espacio en sitios oficiales como las peñas humorísticas de los teatros de La Habana, e incluso en la televisión, en programas tan populares como ¿Jura decir de la verdad? y Deja que yo te cuente.
Y la mejor prueba de la desafección al régimen de esa mayoría silenciosa, es el desuso de una palabra: `compañero`. Su anacronismo implica también el anacronismo del `gusano`, en la medida en que ambos opuestos complementarios conforman una misma retórica obsoleta.
Los `gusanos` que se fueron en los sesenta se convirtieron en `mariposas` una década después, de las remesas de aquellos otros, la `escoria` que se fue por el Mariel, vive también en su penosa decadencia el régimen de Castro, el mismo que como parte de la `ofensiva revolucionaria` de 1968, decía de quienes esperaban su salida del país que `mientras más gusanos sean, mejor los van a recibir allá, mientras más vagos, más parásitos, más lumpens, más contrarrevolucionarios, mejor los van a recibir allá`, y prohibía `el trapicheo de paquetes desde Estados Unidos a Cuba`.
Los gusanos, en fin, sólo existen hoy en el catecismo de las mesas redondas y en las denigrantes sátiras a los disidentes que pasa la televisión estatal.
Recuerdo que la edición cubana de El mundo de ayer (Instituto del Libro, 1969) añadió, en el pasaje en que Sweig cuenta cómo durante su viaje a la Unión Soviética, alguien le puso disimuladamente en el bolsillo una nota manuscrita alertándolo de que las cosas en aquel país diferían de la imagen ofrecida por las autoridades, una nota al pie que advertía que aquella era una estrategia `utilizada por los gusanos de todas las épocas`. El `gusano`, esa categoría que la estulticia comunista quiso transhistórica, es ya, por suerte, historia.


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